“Camino a la biodiversidad” un viaje por la flora y fauna cordobesa
Palabras clave:
Biodiversidad, Emociones, IBD, Juego didácticoResumen
La crisis socioambiental actual; la pérdida de la biodiversidad y el cambio climático, exige a la educación el desafío de generar propuestas que integren aspectos sociales y emocionales, además de contenidos científicos. Este desafío toma mayor relevancia considerando que históricamente, la enseñanza de la biodiversidad se ha centrado en enfoques conceptuales y taxonómicos, dejando de lado su carácter multidimensional. Diversos autores destacan la necesidad de abordarla desde perspectivas más integrales, entendiendo la biodiversidad como un sistema complejo en permanente cambio, compuesto por múltiples elementos y procesos (Galetto y Torres, 2015).
En paralelo, la educación emocional surge como una propuesta innovadora y continua, orientada a fortalecer el desarrollo de competencias emocionales fundamentales para el crecimiento integral de las personas y su preparación para afrontar los desafíos de la vida. Gross y Thompson (2009, citado en Paoloni, 2019) entienden las emociones como procesos interactivos que dirigen la atención hacia lo que cada individuo considera relevante, generando una respuesta integrada que involucra múltiples componentes. En el marco de esta investigación se destacan las emociones positivas de activación como la esperanza, orgullo, alegría y curiosidad, de acuerdo con Pekrun (2006, citado en Paoloni, 2014).
En este marco se diseñó el juego educativo “Camino a la biodiversidad”, desarrollado bajo la metodología de Investigación Basada en Diseño (IBD), con el propósito de promover aprendizajes que articulen contenidos de biodiversidad con la dimensión emocional. Los resultados mostraron que el juego fue una herramienta clave para favorecer la comprensión emocional de la biodiversidad. Los estudiantes expresaron disfrute, interés y esperanza, evidenciando que la dimensión afectiva potencia los procesos de aprendizaje. En síntesis, este trabajo demuestra que no es posible enseñar biodiversidad sin considerar su dimensión emocional, ya que las emociones actúan como motor del interés, la curiosidad y el compromiso con la naturaleza.